8.2.10

DESCUBRIR


Traducción del catalán
de un poema de Jordi Petit


Descubrir / tu miedo /tu pasado entregado / al canto de las almas / encendido /inaprensible / pecado inconfesado / lujuria escolar /con el compañero de cuarto / escuchar la defensa de toda sublimación /idealizas / el deseo flota por todo / no lo ves / hasta que te viene encima / desprevenido ( puedes caer) / sentir / la añoranza de tu compañero / lejos / la fuerza de tu sexo endurecido / contra el mío / al acariciarnos / no desnudo al atardecer / somos amigos, nos tocamos, crecemos / no quiero más / de lo que buscamos los dos al mismo tiempo / no te puedo ayudar / a traicionarte / permanezco pasivo / y así en mi digna soledad / te aprecio y tienes / la libertad de cualquier iniciativa / (no diré, sin embargo / lo tienes que hacer tú) ¿sabes? el placer es el lenguaje del afecto.

ESPERANDO CLIENTES


Fragmento extraído de la novela
La historia particular de un chico
de Edmund White

Al otro lado del río, había unos hombres sentados al lado del bajo banco de granito de la orilla.. Adiviné que no eran del pueblo por el acento, un diente que les faltaba, los cabellos con brillantina y peinados hacia tras, la manera de escupir, de aguantar el Camel entre el dedo gordo y el índice, de caminar con aire pesado, rígido sobre el pavimento del parque como si quisieran sacar chispas de la piedra. Otros estaban sentados en solitario a lo largo de la valla metálica que envolvía el parque, una isla alrededor de la cual giraba el tráfico. Se estaban asomados a la barandilla de acero, las piernas bien separadas, los cuerpos bañados por la luz de los faros, mirando abajo, hacia los coches, que describían lentamente un círculo. Finalmente un conductor se detuvo delante de un joven, que saltaba y se acercaba a la ventanilla abierta para escuchar, entonces el joven, o bien decía que no con la cabeza o escupía o, suponiendo que hubiera trato, pasaba al otro lado del coche con aire fanfarrón y se metía adentro. Fijaos: los murmullos de bombado parabrisas bajo el reflejo de un anuncio de neón que parpadeaba sobre dos caras; al volante, un hombre calvo, con unas gafas agrietadas por las vetas de luz verde procedentes del tablero, las orejas carnosas, la boca pequeña, aunque empequeñecida por el ansia del deseo. A su lado, el joven, con la cabeza echada hacia atrás sobre el respaldo, de manera que tan solo se le puede ver la parábola blanca de la cara y le movimiento de la nuez en el cuello. Se han ido bajando en el asiento y ya está pensando como se pondrá. O quizá está violento por la enorme diferencia entre fantasía y realidad. Circulan y tan sólo me llegan las notas agudas de la radio del coche.

AUNQUE POR UN INSTANTE


Un poema de Pedro Gandía


Concupiscente y gélido se expone
con inquietante palidez de hostia
apoyado en la barra de un garito.

Carne lunar de ninfa del erebo
y grandes ojos de ángel de Gozzoli
en pose del Apolo de Praxiteles.

Y sin que pueda imaginarse
criatura intangible y pura
su mirada te dice que los dioses existen
aunque por un instante.

BUENOS DIAS PIERRE



Fragmento extraído de la novela
Los ángeles caídos de Eric Jourdan


La luz del día asediaba la habitación; largas flechas doradas se clavaban en las paredes, en el suelo y la cama, donde traspasaban tan certeramente nuestros cuerpos que lo convertían en uno solo, dominado alternativamente por uno de los dos rostros. Tras habernos corrido, permanecimos inmóviles durante un rato, abracé a Gerard y le acaricié, despacio. Creía haber partido hacia la aventura a través del océano del cielo, con la cama por bajel, y aquel hermoso muchacho desnudo, acostado junto a mí. Me haría naufragar. se movía sin cesar, frotándola cadera contra la palma de mi mano, que no dejaba de disfrutar de la suavidad de aquella piel que se resistía a la mía y que la mismo tiempo deseaba ser poseída, o mejor dicho, que deseaba ser mordida, o incluso más: deseaba recibir el golpe que rompería con su dominio la orgullosa belleza de un cuerpo que albergaba todas las formas del deseo, del tacto y de la vista. Y la posesión última, la idea de entrar en un cuerpo, no significaba sino la impotencia por no ser el otro, No quería tan sólo penetrar en él sino devorarlo en su totalidad; apoderarme de él, estar en su piel, no cambiaba nada cuando reanudábamos la infinitud de nuestras caricias. Permanecimos en silencio, y el simple roce de su espalda hacía que me empalmara. Cada vez que pasaba la boca por su oreja, mi mejilla acariciaba los pelos de su nuca; cada vez que mi mano descendía por toda su espalda, mi sangre se detenía como si toara un cuerpo distinto. Vencido por su naturaleza lasciva, se abrazaba a la almohada, dejándose llevar. Yo conocía, hasta el último rincón de su cuerpo.

CALVIN KLEIN



Un poema de J. Ricart

No llueve igual en todas las ciudades
pero la muerte fue siempre la misma:
El agua te añade años y te arruga,
desmaquilla los colores y alarga
tu sonrisa de chicle sabor menta
hasta volverla histriónica y obscena.
En el quiosco olvidado de la plaza
lascivo el viento te rasga a jirones.
Pendes de un soplo como de una palabra.
La gente ha ido arrancándote, llevados
por ese fetichismo religioso,
para después amarte en sueños blanco.
Amaneciste un día empapelando
las calles, disfrazado de un dios joven.
Todos quisimos emular tus músculos.
Anunciabas no sé qué, un eslip
extranjero… si mal no me equivoco
eso fue en Agosto y el tiempo pasa.
Hoy bajo este cielo oblicuo de invierno
¿quién querrá besar tu sombra enmohecida?
Nadie se apiadará de tus despojos
por más que nos supliques indulgencia
recordándonos glorias reinventadas.
No crecerán dedos que te señalen.
Pecaste de soberbio y engreído.
Pronto tendrás forma de greguería.

1.2.10

AQUEL CHULAZO DE HIERRO



Fragmento extraído de la novela
La estrella de la guarda de Alan Hollinghurst


A veces aquellos desconocidos se ponían muy cariñosos, te besuqueaban por todas partes, te pinchaban con la barba, suspiraban y gemían. Otras veces no te querían casi ni tocar, te mantenían a distancia, como si te estuviesen diciendo virilmente que te fuera,; luego alargaban una mano furtiva que iba abstraídamente a lo suyo. A veces querían que le abrazaran, A menudo, por supuesto, estaban borrachos o drogados como tú, y la cosa no tenía mayor importancia, o al menos te olvidabas enseguida. De vez en cuando, echabas el mejor polvote los últimos dos o tres años. Apagaron el cigarrillo con el pie. Pero el olor del tabaco se quedó pegado al fumador. Recorrí rápidamente con una mano la chaqueta de piel con hebillas y las robustas piernas, como si le estuviera cacheando en un aeropuerto. Llevaba encima una tonelada de metal: las hebillas de las mangas de la chaqueta, la gruesa cadena del llavero, la hebilla del cinturón, remaches en los vaqueros. Mientras me incorporaba, me pasó una mano por la cara, y sentí un dedo acre de nicotina bajo mi nariz, luego por el pecho y por la tripa, delicadamente, como si no me comprometiera a nada todavía. Le toqué la cabeza a mi ve, le acaricié detrás de una oreja, y le tiré de un lóbulo donde se hacinaban tres o cuatro pendientes y una grapa de plata. Tenía el pelo liso, pegado al cráneo, y cuando me tomó entre sus brazos y me apretó él bien fuerte, sentí también una cinta de goma, y una sedosa cola de caballo. Me gustaba estar con él, allí, tan calentito. Y con todo ello, no estaba demasiado excitado. Entre suspiro y susurró, dejé escapar por encima de su hombro un gran bostezo, cuyo paroxismo final transformé en un apasionado beso, casi un mordisco, en la oreja metalizada. Traté de imaginar que era otro mientras me sacaba el rabo, que estaba un poco deprimido, aguafiestas, somnoliento, y yo puntualmente extraje el suyo, un poco agresivo, anónimo y erecto.

CUATRO CITAS


“Prefiero a los chicos que a las chicas”
El cíclope de Eurípides

Tu amor era más maravilloso para mí
y sobrepasaba el amor de las mujeres
( 2, Sam I, 26) David a Jonatan

No existe el amor antinatural
donde hay amor verdadero también hay naturaleza
(Ulrichs)

Anima muliebris virili corpore inclusa
(Ulrichs)

SALVAJE TERNURA


Fragmento extraído de la novela
Sígueme de Cristóbal Ramírez


Tomó asiento a mi lado en la cama y me metió mano al paquete, con mucha delicadeza. Volvió a ponérmela dura. Sonrió todavía inquieto. Repitió un beso, esta vez suave, lamiéndome poéticamente los buces, como saboreando muy lento y pausado un helado de cucurucho. Me gustó Aleix quería devolverme a mi interior nivel de confianza. Lo hacía bonito. A veces me derretía. Se tumbó a mi lado y me pasó su brazo por debajo de mi cuello. Me ordenó que apoyase el rostro en su pecho. Lo hice sin rechistar. Me acarició el flequillo. Se la sacó sin desnudarse, desabotonándose la bragueta a toda leche. Estaba empalmado. Hacía escasamente un par de días que no se la había mamado y no podía esperar más. Me rellenó la garganta. Se corrió enseguida. Abundante. Manchó el suelo, como de costumbre. Aleix era un chico de costumbres. Era reconfortante comprobar que no había cambiado de hábitos. Se me volvió a levantar. Se mantuvo dura mucho rato. Fue doloroso estar empalmado tanto rato, delante de la policía también y notarla atrapada por el algodón. No me bajó la sangre hasta dos horas después de haberse marchado los polis. Pero eso me demostró que Aleix jugaba legal, que se preocupaba de mí, que no me iba dejar en la estacada. La dureza marmórea de mi polla lo atestiguaba, era una garantía real. Podía confiar en ella. Porque evidentemente que tenía una polla por cerebro. Lo medía todo en función de lo dura que se me pudiese poner, todo. Lo decidía en función de lo dura que se me ponía. ¡Y a veces se me ponía tan dura!

POEMA MEDIEVAL


Manuscrito s. XII descubierto
en el monasterio de Tegersee en Baviera

¿Qué fuerza me permitiría soportarlo,
ser paciente en tu ausencia?
¿Tendré la fuerza de la roca,
y podré esperar tu regreso?
Peno incesantemente noche y día
como quien ha perdido una mano o un pie.
Todo lo agradable y delicioso
parece sin ti lodo bajo los pies.
Derramo lágrimas cuando solía sonreír
y mi corazón no se alegra nunca.
Cuando recuerdo los besos que me dabas,
y cómo acariciabas mis senos con tiernas palabras,
deseo morirme por no poder verte.

¿Qué más puedo decir?
¡Vuelve a casa, dulce amor!
No prolongues más tu viaje;
ya no puedo soportar más tu ausencia.
ve con dios.
Recuérdame.

LA INICIACION DE FRAY BUGEO


Fragmento extraído de la novela
Carajicomedia de Juan Goytisolo


Un día apuntándome ya el bozo en los besos y el vello en la entrepierna, un fraile compadeciéndose de mis tiernos años y del modo que me criaban. Con palabras mansas y gestos sosegados, los ojos en la tierra, inclinados con honestidad, quiso saber mi pobre estado y triste condición. Habló con mi madre como temeroso y espantadizo, haciendo a los pechos cruces con los brazos, juntando las manos y alzando los ojos al cielo. Bien sé cuánto le queréis al muchacho. Y con juras melifluas y suaves y otras muchas maneras de suspiros, lágrimas y gemidos rogó y porfió que me retrajera de vivir entre las gentes. hallóse mi madre privada de fuerza y así se le secaron los ojos y me abrazó con ternura, hice un atillo con mis escasos bienes y seguí al santo fraile al convento. A mi venida al monasterio vi otros mozuelos de mi edad y estado, espulgados y peinado, a los que los benditos frailes regalaban y halagaban, dándoles joyuelas, dineros y cosillas por tenerlos contentos. Por dios vivo y verdadero, aquellos amadores del altísimo buscaban la compañía de ángeles para sus devociones y rezos. Por eso, comíamos a doble carillo, asistíamoles en la sagrada misa, compartíamos sus juegos. De noche, mi favorecedor, con una bermejez y acaloramiento que no procedían de rezar maitines, tomóme retozando mi vergüenza, riendo y jugando hasta ponerla arrecha. “Mucha ventura te hizo Nuestro señor, con la gordura y lozanía de tu complexión” Dijo. “ Cata, que mal haces con ella, contra el consejo que os doy no e natural sexo y por ende no tengas miedo ni temor a cuanto contigo hiciere. Cortos son los días del hombre y el señor y la natura no quisieren verte ruin y mezquino. Yo te sanaré la hinchazón con mi santo remedio” así con esas y otras doctas razones, cumplió sus obras y dejóme a solas. Mal dolor me hiciera si no quedé agradecido a aquel honrado fraile que cuidaba de mí, me vestía con ricas prendas, me agoraba la gloria del cielo. Como dije antes todos lo muchachos tenían el suyo y eran visitados de día y d noche por ellos y otros eclesiásticos y nobles venidos de fuera. A resguardo de los vicios y tachas de las malas mujeres, de sus mentiras y maldicencias, muchos nos tenían por santos y dábanos grandes limosnas en la iglesia para todas las obras de piedad.

25.1.10

AL RECHAZAR LA PALMA DE MI MANO


Poema incluido en la novela
Pompas fúnebres de Jean Genet


Al rechazar la palma de mi mano estos dones,
ha de bailar, al filo de nuestras tumbas, sola,
la noche, a la que prestan las cosas más humildes
pasos de sal, de trigo, pavanas de escayola.

y cristales de azufre. Ovillado en el musgo…
¡Cómo! ¡El duelo me mata y de un pastor me habla!
Déjame que me vista y llegue hasta tus penas,
tus altares de sal, peldaños subterráneos.

Bosquecillos de abetos, poder de las tinieblas
ese ojo tuyo. Cuando se entornan los minutos
veo un galope inmóvil brotarte de las plantas
y pongo entre tus dedos mis armas peligrosas:

te reconozco entonces justa y santa en la sangre,
bello joven que lleva repicando cien rosas
en la muñeca. Duerme esta hoz en la negra
hierba y os canta, muerte, muertos de la victoria.




EL CANCER ROSA


Fragmento extraído de la novela
El silencio roto de Mariano García Torres


La enfermedad tiene nombre, se llama sida. El castigo divino, la peste del siglo veinte. Para purgar las culpas vergonzantes de los pecadores, de un tipo de pecadores, de un tipo de pecados. Eso, dicho de otra forma, son palabras eclesiásticas, infalibles… El fuego de Sodoma otra vez cayendo encima, como a propósito. Acaso sea justo, no lo sé; jamás jugaría a impartir justicia. Pero ¿y los demás pecadores?, ¿ y los demás pecados?, ¿qué fuego los castiga? Convertidos otra vez en blanco de injurias, en ira de dioses y de semidioses. Medidos todos por el mismo rasero. Homosexual = promiscuo = peligroso; sin matices, sin excepciones. Había sido demasiada tolerancia, demasiada transigencia. La era Reagan parece estar ganando la partida. Tomar medidas nuevas; en algún país de Centroeuropa estaba llegando a plantearse: aquí no podrían ni entrar, aquí serán sometidos forzosamente a pruebas. ¿Lo llevarán a cabo? ¿Serán capaces? ¡Cuánta estupidez! Pero es una actitud que abarca siglos, milenios, dos mil años de historia judeocristiana. Como si la enfermedad fuera patrimonio exclusivo de un sector, y al resto únicamente pudieran salpicarle las consecuencias; como si la enfermedad, la innombrable, hubiera sido generada por un sector, para un sector, no, para dos: negros (haitianos) y homosexuales. Como si yo mismo, que llevo más de doce años sin relaciones sexuales, por la simple circunstancia de formar parte de ese sector, ya fuera un potencial de riesgo; por pertenecer a un grupo maldito, marginado, marginable.

CANCION JOCOSA



Extraída de la novela
Salvajes mimosas de Dante Bertini


Mira pequeño angelito
lo que vas a comer:
un delicioso bocado
que hará que calmes tu sed.

No sé si podré con esto,
la más gruesa d ela noche.
Luego de gemas tan caras
esta será un digno broche.

De seguro que podrás.
Yo no la veo tan grande.
Como en las nueve anteriores,
has de empezar por el glande.

El glande ya está escondido.
Ahora viene todo el resto.
Si das un empujoncito
notarás cómo estoy presto.

Pues toda te la has tragado
sin un suspiro siquiera.
Me moveré despacito,
que nada se quede afuera.

Me gusta cómo la mueves:
hacia adentro y en redondo.
Si te pone en cuclillas
podré llegar hasta le fondo.

CAMAREO ¿QUIERE ATENDERME?



Fragmento extraído de la novela
El silencio roto de Mariano García Torres


Camarero… ¿quiere atenderme, por favor? Él entonces asentía muy serio, como si le molestase hacerlo o yo le resultara impertinente; me servía al fin con parsimonia y gesto grave, yo volvía a mi lectura y no pasaba nada más. Fue una de mis amigas quien me lo dijo una mañana en que no fue a la playa porque estaba muy quemada: “¿has observado cómo te mira el camarero…? ¡Fíjate, fíjate…! Pues es guapísimo “la verdad, yo no me había dado cuentan de una cosa ni de otra. No le había prestado mayor atención que la necesaria para reclamar mi desayuno. Sin embargo, a partir de entonces empecé a hacerlo, aunque un poco de soslayo; las dos cosas eran ciertas: el muchacho flirteaba y, en efecto, era guapo; tenía unas facciones algo negroides, en exótico contraste con su cabello claro y sus ojos azul celeste. Con todo, a mí su coquetería me resultaba algo impertinente porque yo había desarrollado por entonces una estúpida faceta a niveles increíbles: conciencia de clase. Si él era bello, o también lo era, y mi cuerpo, trabajado por la danza, parecía una escultura y además tenía dinero y era príncipe y él, sirviente. Camareros con camareros, príncipes con príncipes, aunque se tratara de un vínculo tan trivial. Yo seguí, pues, desayunando a deshora mi café y mi zumo de naranja y él siguió insinuándose cada vez más abiertamente. Me miraba con fijeza y yo, si bien guardando las distancias, empecé a sostenerle la mirada. Así transcurrieron algunos días en que yo jugaba a un juego despiadado, consciente de su imposibilidad de ir más allá, sabiendo que yo tenía todos los ases y que no iba a utilizarlos porque no lo deseaba. Miraba al muchacho con insolencia y le hablaba con insolencia, y él me devolvía las miradas, mitad pasión, mitad odio, y sus miradas cada vez me hacían más daño porque empezaban a clavarse en mi deseo como dardos, y eso no respondía a lo previsto, a lo deseable, y sin embargo, sentía que él ganaba.

PRIMERA NOCHE



Un poema de Rafael José Díaz

Estábamos solos, abrazados
a la brisa que a sí misma se abraza,
al deseo en los párpado del mar.

La luna arriba, más delgada
que las palabras
desprendidas de un sueño oscuro y sin palabras.

El dorso de la mano en la mejilla,
la palma en la raíz de la cintura.
“Respiramos” dijiste, “el sueño de la arena”

Solos, abandonados en la noche,
sin otra luz que la de las palabras
en un cielo sin luna.

“En el amanecer seremos devorados
por el grito feroz de las gaviotas,
palmas y labios, cuellos, todo carne delgada para el sol”