
Fragmento extraído del relato
Sin fuerzas de Edmund White
Nunca había disfrutado de los ambiente gays, al menos nunca había encontrados seductores a los clónicos neoyorquinos. En contrapartida, a ellos no les gustaba su aspecto- gafas de montura de alambre, prendas de tweed demasiado holgadas, lustroso zapatos de policía- ni sus miradas. Era pequeño; cuando miraba, sus ojos eran burlones, se volvían agresivamente atentos o estaban humedecido de agradecimiento; su nariz era una prominencia roja, tenía un cuerpo delgado, sin ninguna característica especial bajo unos pantalones que hacían bolsas y una americana un par de tallas mayor, pero suave y bien proporcionado cuando se quitaba la ropa, un cuerpo pálido, sudoroso de luchador peso pluma de campeonato escolar, un cuerpo que a los clónicos les costaba mucho trabajo ver. La búsqueda de relaciones sexuales de Luke se había orientado hacia hombres convencionales de clase trabajadora o que se acercaran mucho a ese ideal. Había rondado por edificios en construcción, gimnasios de las afueras donde se practicaba la halterofilia, la bolera situad al otro lado de la comisaría de policía, un cine de Queens venido a menos donde pasaban películas de Kung Fu. Le gustaban los tipos que no besaban, echaban barriga de bebedor de cerveza, llevaban camisetas de manga corta de dacrón bajo las que se veía otra camiseta in mangas, miraban partidos de fútbol, sacudían la cabeza con frustración y murmuraban: Mujeres, les gustaba la compañía d tipos a quienes sus novias habían abandonado, bien porque eran demasiado aburridos o rudos, bien porque no eran suficientemente cultos o románticos. En París, se había hecho amigo de un boxeador marroquí abandonado a su suerte.
Por la noche, solía rondar por los destartalados cine de las inmediaciones de barbes- Rochechouart, el barrio árabe, os si hacía buen tiempo subía las escaleras de las calles que conducían hacia el sagrado corazón. Eran los lugares frecuentados por quienes lo atraían: hombres que carecían de mujer, infelices sin blanca o demasiado cortos para encontrar una muchacha que les hiciera caso, tipos que tenían un calendario don chicas desnudas clavado con una chincheta en la puerta del retrete y practicaban golpes de kárate mientras hablaban por teléfono con sus madres.
Había vivido muy rápido y amado muy poco, pero ahora exhumaba recuerdos de aventuras que antes nunca había evocado, como la vez que siguió a un vigilante nocturno cubano hasta un edificio de oficinas en la avenida Park y follaron en un montacargas que fueron parando, por simple diversión en cada una de las cuarenta y dos plantas. O recordaba las escenas sexuales que nunca habían ocurrido, como la de aquel verano en que tenía doce años, cuando se sentó junto a un caddy mayor que él en un banco esperando que empezara el juego, un día en que hacía mucho calor, no corría nada de aire y se oía el canto de los grillos. Había amoldado su pierna tan perfectamente al muslo del chico que al final éste se levantó y se puso como un basilisco llamándole degenerado. o pensaba en el policía que lo había esposado a la cama..
Nunca había disfrutado de los ambiente gays, al menos nunca había encontrados seductores a los clónicos neoyorquinos. En contrapartida, a ellos no les gustaba su aspecto- gafas de montura de alambre, prendas de tweed demasiado holgadas, lustroso zapatos de policía- ni sus miradas. Era pequeño; cuando miraba, sus ojos eran burlones, se volvían agresivamente atentos o estaban humedecido de agradecimiento; su nariz era una prominencia roja, tenía un cuerpo delgado, sin ninguna característica especial bajo unos pantalones que hacían bolsas y una americana un par de tallas mayor, pero suave y bien proporcionado cuando se quitaba la ropa, un cuerpo pálido, sudoroso de luchador peso pluma de campeonato escolar, un cuerpo que a los clónicos les costaba mucho trabajo ver. La búsqueda de relaciones sexuales de Luke se había orientado hacia hombres convencionales de clase trabajadora o que se acercaran mucho a ese ideal. Había rondado por edificios en construcción, gimnasios de las afueras donde se practicaba la halterofilia, la bolera situad al otro lado de la comisaría de policía, un cine de Queens venido a menos donde pasaban películas de Kung Fu. Le gustaban los tipos que no besaban, echaban barriga de bebedor de cerveza, llevaban camisetas de manga corta de dacrón bajo las que se veía otra camiseta in mangas, miraban partidos de fútbol, sacudían la cabeza con frustración y murmuraban: Mujeres, les gustaba la compañía d tipos a quienes sus novias habían abandonado, bien porque eran demasiado aburridos o rudos, bien porque no eran suficientemente cultos o románticos. En París, se había hecho amigo de un boxeador marroquí abandonado a su suerte.
Por la noche, solía rondar por los destartalados cine de las inmediaciones de barbes- Rochechouart, el barrio árabe, os si hacía buen tiempo subía las escaleras de las calles que conducían hacia el sagrado corazón. Eran los lugares frecuentados por quienes lo atraían: hombres que carecían de mujer, infelices sin blanca o demasiado cortos para encontrar una muchacha que les hiciera caso, tipos que tenían un calendario don chicas desnudas clavado con una chincheta en la puerta del retrete y practicaban golpes de kárate mientras hablaban por teléfono con sus madres.
Había vivido muy rápido y amado muy poco, pero ahora exhumaba recuerdos de aventuras que antes nunca había evocado, como la vez que siguió a un vigilante nocturno cubano hasta un edificio de oficinas en la avenida Park y follaron en un montacargas que fueron parando, por simple diversión en cada una de las cuarenta y dos plantas. O recordaba las escenas sexuales que nunca habían ocurrido, como la de aquel verano en que tenía doce años, cuando se sentó junto a un caddy mayor que él en un banco esperando que empezara el juego, un día en que hacía mucho calor, no corría nada de aire y se oía el canto de los grillos. Había amoldado su pierna tan perfectamente al muslo del chico que al final éste se levantó y se puso como un basilisco llamándole degenerado. o pensaba en el policía que lo había esposado a la cama..
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