
La semana pasada se estrenó el último y esperado largometraje de Amenábar. Pese a la abrumadora campaña de promoción (propia de las superproducciones hollywodienses) la cinta no defraudó a los múltiples seguidores entre los cuales humildemente nos contamos. De las múltiples lecturas que plantea el film, quisiéramos hacer hincapié en el paso del paganismo al monoteísmo, de la tolerancia al dogmatismo cristiano sobre todo la barbarie ejemplificada en la toma y posterior destrucción de uno de los símbolos de la cultura antigua, la Biblioteca de Alejandría, y por extensión la extraña fascinación bibliofóbica de los sectores más radicales y fascistoides.
Todo un legado histórico y cultural quedó reducido en polvo y ceniza por la intransigencia de los “parabolanos” aquel escuadrón armado del primer cristianismo, que recuerda de cerca a las juventudes hitlerianas o sin irnos más lejos a algunos fundamentalistas islámicos. Recordemos que la historia de la literatura de la Antigüedad es simplemente una selección purgada de la Iglesia, un testimonio sesgado y adulterado desde la perspectiva cristiana. O dicho en otras palabras, lo que hoy podemos leer, son aquellos textos que han pasado la censura y que la Iglesia en tanto como institución y custudio del patrimonio greco-romano ha querido que perviviera. En el camino se han perdido infinitud de obras y autores poco ortodoxos como los propios escritos de la protagonista Hipatia.
En la actualidad y a pesar de las múltiples y aparentes libertades en el primer mundo, un gran sector de la comunidad gay vive cómodamente instalada - después de luchas y derechos conseguidos- en una sociedad de consumo material y por qué no decirlo también carnal, ajeno totalmente a las injusticias provocadas por la discriminación sexual que otros muchos gays padecen en otras latitudes. Asimismo quizá vivamos un poco confiados, y tal vez nos hayamos relajado, después de cierta tolerancia social el carácter combativo de los primeros movimientos homosexuales allá por los ochenta.
Después del visionado de Ágora, a uno puede inquietarle la reconversión forzada que sufrieron muchos alejandrinos paganos al credo dogmático y la moralidad cristiana. Y quizá uno, sin dejarse llevar por derroteros apocalípticos se puede plantear y si la historia volviera a repetirse, ya que el hombre es el único animal que gusta de tropezar insistentemente una y otra vez contra la misma piedra.
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