
Un poema de Luis Pérez Oramas
El sexo tiene sus hábitos obtusos
las voces, los jadeos
el mismo olor de un ácido inconstante
que no existe ni se nombra,
la mirada impenetrable
que desprecia o que desgarra.
Aquella edad que no envejece
mientras se esconde el cuerpo entre sus paños.
El sexo tiene sus hábitos obtusos:
calles, pequeños cuartos con ducha
para la luz de las mañanas.
El sexo tiene erguida su sombra efímera y espesa.
Un árbol seco
multiplicándose sin fin en los sótanos del día
con la palabra más rotunda
y sin respuesta.
El sexo tiene sus hábitos obtusos
que no descansan en el amarillento ni en los sueños.
Pasarán los años, las voces
y los húmedos jadeos en el extinto olor del cuerpo
no tendrán cabida en el banquete que no cesa.
Las mismas frutas, las mismas carnes pasarán
las mismas jaurías que buscan las jaurías del deseo.
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