19.12.08

UN POEMA DE PABLO GARCÍA BAENA






DAVID

Siempre se colocaba en el rincón del bar que le favorecía.
Donatello o Verrocchio le rizaban la ménade cabeza
a las cambiantes luces giratorias,
mientras un rayo fijo cincelaba su mano
sosteniendo los Craven A.
Cuando en el aire de la turbia pantalla
Satan Boy aparecía
irguiendo la marea del alcohol y los tactos,
apenas si un latido en la sien daba vida
a aquel perfil toscano
como veta de áurea pirita sobre mármol.
Los ojos que auguraban la lluvia con sus vidrios,
eran dos piedras duras mojadas por la ira
o el desprecio, pupilas minerales, vacías,
enfoscadas de nácares.
Así fue la mirada de Lilith la serpiente, fornicando.
Como ofidio carísimo
se tendía en los lechos, pagado con divisas,
inmóvil, con las manos fijas bajo la nuca.
Era entonces estatua para embalar.
Destino:Salón renacentista, años 20, Los Ángeles.

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