Poema de Antonio Galaextraído del libro Cuaderno de amor
Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo se está consumándose entre el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba
la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril seguro. Vuelven
las estrellas al rostro hacia nosotros
para la despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso azul del mar. “Esto era aquello”
Con esmero el olvido ha principiado
su menuda tarea.
Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos, y hay
una amorosa voz
que nos dice: “Despierta,
Estoy yo aquí. Levántate” Y vivimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario