3.11.08

CAPOEIRA


Poema en prosa

de Juan Antonio González Iglesias


Felices los flexibles. Sus tobillos son súbitos puntos en el espacio, como estrellas fugaces en el atardecer. Sus pies alados no pisan las cabezas de los hombres porque no quieren. Cercan, sobrevuelan los cinco centímetros de aura donde el otro se guarda. Nadie diría que han estado durmiendo hasta hace poco, que han trabajado duro a lo largo del día, o han estado metido en rollos malos, porque ahora levantan un tobillo por encima del horizonte y con el otro pie tocan la tierra. Así proyectan arcos instantáneos, con las extremidades inferiores. Son preferibles a los arquitectos, y a los programas de diseño gráfico más potentes. Benditos los acróbatas nuevos. Luchan de dos en dos, como los que se aman. Se atrapan mutuamente en un deseo que los hará volver. Con golpes inaudibles se aproximan. Se alejan de los demás mortales. Tan simbólicamente tan intrincadamente combaten, que los ángulos los pantalones blancos de algodón intangible las líneas y los músculos euclídeos trabajan como instrumentos de alta precisión al servicio de una sorprendente pureza. Nada les interrumpe durante media hora. Jóvenes conflictivos de barrios marginados cada tarde reducen a cero la violencia. Felices los descalzos que conocen a ciegas el número perfecto de la arena. Nadie más libre que estos descendientes de esclavos. Felices los flexibles.

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