Fragmento extraído de la novela
Los misterios de Pittsburg de Michael Chabon
Miré a Arthur. Tenía un débil vello rubio en las mejillas y cierto rubor en la piel rosada del cuello. Los ojos eran claros y pálidos, como si no hubiese bebido. Sentí algo. Aleteó en mi pecho como un murciélago, me horrorizó por un instante y luego se desvaneció.(…) Me tocó la cara. Tenía la barba muy crecida, ojeras, y se tambaleaba como si en cualquier momento fuera a derrumbarse. Tan borracho y desagradable lo veía que me acobardé. Y entonces como dice la canción, me besó, o más bien apretó los labios contra la parte superior de mi barbilla. Con un paso atrás yo me metí en el apartamento y el cayó hacia delante, logrando quedar de rodillas. –Por dios, lo siento dije / qué gilipollas que soy, ¿no? Dijo él incorporándose con dificultad. - Lo sé dije yo, Pero no te preocupes. Se disculpó, volvió a decir que era gilipollas. Yo le quería y deseaba que se fuera. Pero durmió en el suelo, entre mis cajas, mientras yo temblaba bajo un edredón ligero y húmedo. Cuando a la mañana siguiente me desperté se había marchado. Había usado un papel de su paquete de Kool para hacer algo que parecía un perro, o n saxo, y dejármelo en la almohada, junto a la cabeza.
Los misterios de Pittsburg de Michael Chabon
Miré a Arthur. Tenía un débil vello rubio en las mejillas y cierto rubor en la piel rosada del cuello. Los ojos eran claros y pálidos, como si no hubiese bebido. Sentí algo. Aleteó en mi pecho como un murciélago, me horrorizó por un instante y luego se desvaneció.(…) Me tocó la cara. Tenía la barba muy crecida, ojeras, y se tambaleaba como si en cualquier momento fuera a derrumbarse. Tan borracho y desagradable lo veía que me acobardé. Y entonces como dice la canción, me besó, o más bien apretó los labios contra la parte superior de mi barbilla. Con un paso atrás yo me metí en el apartamento y el cayó hacia delante, logrando quedar de rodillas. –Por dios, lo siento dije / qué gilipollas que soy, ¿no? Dijo él incorporándose con dificultad. - Lo sé dije yo, Pero no te preocupes. Se disculpó, volvió a decir que era gilipollas. Yo le quería y deseaba que se fuera. Pero durmió en el suelo, entre mis cajas, mientras yo temblaba bajo un edredón ligero y húmedo. Cuando a la mañana siguiente me desperté se había marchado. Había usado un papel de su paquete de Kool para hacer algo que parecía un perro, o n saxo, y dejármelo en la almohada, junto a la cabeza.
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