Fragmento extraído de la novela
Contra natura de Álvaro Pombo
Durán que siente un nudo en el agarrante, que desea abrazar a Juanjo y besarle allí mismo, acariciarle, llenarle la boca con la saliva de Juanjo, no ha encontrado a su antiguo amante bien, sino cutre. A diferencia de Durán, que resplandece, jovencísimo, con su camiseta blanca y su pantalón corto de correr: las piernas musculosas resplandecen y las mejillas resplandecen, el pelo húmedo y negro resplandece en la escalofriada niebla verdeante de la veloz primavera madrileña. Juanjo no resplandece: la apagada piel de Juanjo, la delgadez de la mejillas con barba de un día, el chándal con su repulsivo aire de haberse usado demasiado a todas horas, prenda única de mañanas y de tardes, un chándal baboso como un pijamón. (…)
Ramón le desea y le ama y ve, con toda claridad que Juanjo no puede con su alma. y le aterra de pronto el terror de Juanjo como si fuera el suyo propio, e impulsivamente se pga a ñel y le besa en los labios, entrelazándole las piernas con las piernas y la cabeza con las manos y los brazos, extáticamente desea al pobre Juanjo, y Juanjo, aterrorizado mira en torno suyo y se separan. Durán siente su pene erecto abultándole por la pantaloneta de gimnasia. Se ahoga de deseo. Se ahoga de compasión.
La conversación entre estos dos se prolonga un poco más, el tiempo suficiente para que Juanjo sienta en el pene y en sus piernas temblonas que desea metérsela una vez más al chaval culo adentro, mantecosamente.
Contra natura de Álvaro Pombo
Durán que siente un nudo en el agarrante, que desea abrazar a Juanjo y besarle allí mismo, acariciarle, llenarle la boca con la saliva de Juanjo, no ha encontrado a su antiguo amante bien, sino cutre. A diferencia de Durán, que resplandece, jovencísimo, con su camiseta blanca y su pantalón corto de correr: las piernas musculosas resplandecen y las mejillas resplandecen, el pelo húmedo y negro resplandece en la escalofriada niebla verdeante de la veloz primavera madrileña. Juanjo no resplandece: la apagada piel de Juanjo, la delgadez de la mejillas con barba de un día, el chándal con su repulsivo aire de haberse usado demasiado a todas horas, prenda única de mañanas y de tardes, un chándal baboso como un pijamón. (…)
Ramón le desea y le ama y ve, con toda claridad que Juanjo no puede con su alma. y le aterra de pronto el terror de Juanjo como si fuera el suyo propio, e impulsivamente se pga a ñel y le besa en los labios, entrelazándole las piernas con las piernas y la cabeza con las manos y los brazos, extáticamente desea al pobre Juanjo, y Juanjo, aterrorizado mira en torno suyo y se separan. Durán siente su pene erecto abultándole por la pantaloneta de gimnasia. Se ahoga de deseo. Se ahoga de compasión.
La conversación entre estos dos se prolonga un poco más, el tiempo suficiente para que Juanjo sienta en el pene y en sus piernas temblonas que desea metérsela una vez más al chaval culo adentro, mantecosamente.
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