22.8.08

Un poema BRANE MOZETIC


Olvidar

Olvidar que en nuestro campo
de Moresc se refugió
una cierva herida y el abuelo hizo llamar a los cazadores para que se
la llevaran, tan pequeña, tan indefensa.

Olvidar los chicos que tenían los secretos i
los escondían delante de mí. Si alguna vez les preguntaba
Me decían: Tú eres demasiado pequeño. Siempre he estado
demasiado pequeño y nunca supe qué tenían entre ellos.

Olvidar al niño que se enamoró de mí en la guardería
y me besaba sin para mientras las señoritas
se reían: ¡pero si no es una niña!

Olvidar el temblor imperceptible, la fiebre que me
inundó el cuerpo cuando los compañeros de clase, uno detrás de otro
venían a mi casa. Les daba clase de refuerzo, porque
Tenían malas notas y la gente creí
que yo les podría ayudar. Los chicos me los enviaron a mí,
las chicas a una compañera.

Olvidar que la mirada se me desviaba hacia los primeros pelos,
que las horas de gimnasia prefería hacerme el enfermo
para poder sentarme en el banco del gimnasio
y mirarles cómo corrían detrás de la pelota.

Olvidar los primeros escritos, destinados a estos chicos
Olvidar las borracheras desesperados porque sólo así
sólo así, me atrevía a tocar a mi primer amor.
Olvidar todo lo que vino después.
Olvidar la primera novia que se hacía la estrecha, aunque yo
siempre me insinuaba. ¡Es increíble cómo estaba
de necesitado, entonces!

Olvidar al hombre que, engañado por mis cabellos largos
y mi cuerpo frágil, me llamó y cuando me giré
eso pasó en las escaleras de la escalera,
abrió su abrigo viejo y me mostró
una polla fea, roja.

Olvidar el asco que sentí adentro
y la ternura con la que miraba los ojos azules del compañero de clase
Olvidar el tiempo en que di de lado al mundo de los hombres
y la mujer que me ayudó a hacerlo.
Nuestras estancias preciosas al lado del mar, cuando me pensaba
que la vida era el vaivén de las olas.

Olvidar que me sentía amenazado por la amabilidad del padrastro
de manera que huía porque tenía miedo a que
sus abrazos quisieran alguna cosa más
Olvidar que no sé decir muchas cosas, que hay muchas cosas
que no sé decir y que prefiero esconder, callar,
olvidar, Ah Joe Brainard, más vale olvidar
olvidar todo aquello que me hurga la herida
y que no me dejará tranquilo hasta la muerte.

Olvidar, olvidar. a veces en mi habitación
hay un silencio terrible y una oscuridad más terrible todavía.

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