
Fragmento extraído de
Los hombres del triángulo rosa
Heinz Heger
Desde los dieciséis años me di cuenta de que me atraían más las personas de mi propio sexo que las mujeres. Al principio no me pareció que ello tuviera nada de particular, pero cuando a mis compañeros de escuela les dio por enamorarse de la muchachas y galantear con ellas, mientras yo estaba prendado y embelesado de otro muchacho, empecé a reflexionar en lo que esto suponía.
El hecho de tener inclinaciones homosexuales nunca me hizo abominar a las mujeres ni sentir la menor repulsión hacia ellas. Durante tres años conseguir ocultar a mi madre el secreto de mis sentimientos homosexuales, aunque fue muy duro para mí no poder hablar de ello con nadie. hasta que un día decidí confiarme a ella y le confesé todo lo que nos creemos en el debe de decir para aliviar nuestro corazón y nuestra conciencia, no tanto en busca de sus consejos, sino para liberarme definidamente del peso de un secreto que me agobiaba.
Querido hijo – me respondió es tu vida y eres tú quien tiene que vivirla. nadie puede cambiarse el pellejo y meterse en otro, tienes que resignarte y saber llevarlo. Si crees que solamente con otro hombre encontrarás la felicidad, eso no quiere decir que te hayas convertido en un monstruo. Pero cuídate de las malas compañías, y evítalas, porque caerías enseguida en el chantaje. Trata de encontrar un amigo estable, eso te alejará de muchos riesgos. Yo ya lo sospechaba des hace tiempo. Nos has de perder la paciencia porque seas así. Sigue mis consejos y recuerda que, pase lo pase, eres mi hijo y siempre puedes acudir a mí con tus preocupaciones.
El día en que se cumplieron los seis meses de la condena y que tendría que haber sido liberado, me informaron que sería deportado a un campo de concentración en un transporte colectivo. ¿Qué había hecho yo para tener que pagar de esta manera? ¿Qué crimen infame había cometido o qué daño había causado a la sociedad? había amado a un amigo mío, no a un menor, sino a un hombre adulto de 24 años. No encontraba nada malo ni inmoral en ello.
¿Qué clase de mundo es este y qué personas viven en él para decirle a un hombre adulto cómo y a quién debe amar? ¿No es cierto que cuantas más inhibiciones sexuales y complejos de inferioridad tiene un legislador, más se le llena la boca al hablar de los sentimientos supuestamente sanos de la sociedad?
Los hombres del triángulo rosa
Heinz Heger
Desde los dieciséis años me di cuenta de que me atraían más las personas de mi propio sexo que las mujeres. Al principio no me pareció que ello tuviera nada de particular, pero cuando a mis compañeros de escuela les dio por enamorarse de la muchachas y galantear con ellas, mientras yo estaba prendado y embelesado de otro muchacho, empecé a reflexionar en lo que esto suponía.
El hecho de tener inclinaciones homosexuales nunca me hizo abominar a las mujeres ni sentir la menor repulsión hacia ellas. Durante tres años conseguir ocultar a mi madre el secreto de mis sentimientos homosexuales, aunque fue muy duro para mí no poder hablar de ello con nadie. hasta que un día decidí confiarme a ella y le confesé todo lo que nos creemos en el debe de decir para aliviar nuestro corazón y nuestra conciencia, no tanto en busca de sus consejos, sino para liberarme definidamente del peso de un secreto que me agobiaba.
Querido hijo – me respondió es tu vida y eres tú quien tiene que vivirla. nadie puede cambiarse el pellejo y meterse en otro, tienes que resignarte y saber llevarlo. Si crees que solamente con otro hombre encontrarás la felicidad, eso no quiere decir que te hayas convertido en un monstruo. Pero cuídate de las malas compañías, y evítalas, porque caerías enseguida en el chantaje. Trata de encontrar un amigo estable, eso te alejará de muchos riesgos. Yo ya lo sospechaba des hace tiempo. Nos has de perder la paciencia porque seas así. Sigue mis consejos y recuerda que, pase lo pase, eres mi hijo y siempre puedes acudir a mí con tus preocupaciones.
El día en que se cumplieron los seis meses de la condena y que tendría que haber sido liberado, me informaron que sería deportado a un campo de concentración en un transporte colectivo. ¿Qué había hecho yo para tener que pagar de esta manera? ¿Qué crimen infame había cometido o qué daño había causado a la sociedad? había amado a un amigo mío, no a un menor, sino a un hombre adulto de 24 años. No encontraba nada malo ni inmoral en ello.
¿Qué clase de mundo es este y qué personas viven en él para decirle a un hombre adulto cómo y a quién debe amar? ¿No es cierto que cuantas más inhibiciones sexuales y complejos de inferioridad tiene un legislador, más se le llena la boca al hablar de los sentimientos supuestamente sanos de la sociedad?
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