3.8.08

LOS LAVABOS DE TOTTENHAM COURT ROAD


Fragmento extraído de
El aprendizaje de la soledad
de David Vilaseca


El corazón se me ha acelerado y ya no he podido continuar leyendo, aunque quizá tarde todavía veinte minutos a encontrar dentro de mí la energía y el convencimiento necesarios para llevarla a término. El pulso me tiembla y he sentido en el pecho una descarga de adrenalina seguida de un gran vacío en el estómago, el indicio de que alguna cosa crucial estaba a punto de pasar en mi vida. Recuerdo que tuve un momento así en la adolescencia, justo antes de entrar en mi primer bar gay, y la primera vez que fui a una sauna también. Estos son los momentos de tensión psicológica extrema en que las decisiones frecuentemente temidas se me acaban de imponiendo de manera casi orgánica momento en que me doy cuenta de que ha llegado la hora como si fuera una crisálida saliendo del capullo.

He ido a los lavabos de Tottenham Court Road. Cuando he entrado, enseguida, he reconocido l espacio donde me encontraba por lo que me había dicho Josh. el quiosco del conserje tenía un falso espejo para poder vigilar sin ser visto, delante estaban los urinarios y más allá, había una pasillo con cabinas a las dos bandas (las primeras son de uso normal, las otras se utilizan para el sexo) He visto un hombre de mediana edad esperando que se desocupara una, la mirada del cual me ha parecido inequívocamente rapaz. Me he acercado al lavabo, he simulado que bebía agua y he vuelto a salir con el corazón acelerado.

Afuera he estado dudando un rato. Un grupo de excusas me venían a la cabeza para intentar convencerme de volver a la biblioteca y dejar de lado todo este asunto. Era demasiado tarde para echarme atrás, pero. Entonces he vuelto a entrar al servicio, he atravesado el pasillo de cabinas de una vez. y me he metido dentro de las más cobijadas.

Adentro hacía frío y el váter no tenía asiento. He dejado la bolsa en tierra y me he desnudado de medio cuerpo para abajo y me he sentado a esperar. Tal y como me había dicho Josh, no ha tardado en aparecer u brazo por debajo del tabique de separación que me ha acariciado el tobillo u me ha invitado a agacharme. Mientras le obedecía me parecía que el corazón me fuera a explotar dentro del pecho. Me he dejado masturbar una rato sin demasiado éxito- estaba demasiado nervioso para tener una erección. En ese momento la mano se ha retirado y cuando yo pensaba que era porque su propietario se había cansado de mí, por la separación de arriba ha aparecido una cabeza de lado que me hacía señales para que descorriera el pestillo de mi puerta. Al cabo de unos instantes ha entrado en la cabina un hombre de raza oriental vestido con un anorak y bufanda. Sin decirnos nada nos hemos acariciado; me ha hecho una felación, me ha masturbado y yo le he masturbado a él.

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