
I
Tus manos son dos martillos que clavan
y desclavan alegres la mañana,
tiernos puños desdoblados de tierra,
dulces pencas de plátanos pequeños
tus manos huelen a las zarzamoras
que cosechas en los campos que roban
tu sudor a dos dólares el bote,
son duras, tibias, jóvenes y sabias.
azadones que traen pan a las mesas,
oscuras piedras que al chocar dan luz,
gozo sostén, ancla del mundo entero
yo las venero como relicarios
porque como gaviotas anidadas,
me consuelan, me alegran, me defienden
II
Al dormir te vuelves un continente,
largo, misterioso, sin descubrir,
tus piernas: cordilleras apartadas,
van circundando valles y cañadas
la noche te resbala por tus párpados,
tu respirar: vaivén de olas de mar,
en la cama te extiendes mansamente
como un delfín alojado en la playa
tu boca: boca de volcán saciado,
leño perfumado, ¿en qué fuego ardes?
estás tan cerca y a la vez, tan lejos
mientras duermes como lirio a mi lado,
yo me deshago, invoco a la luna:
ahora soy el perro guardián de tu sueño.
Tus manos son dos martillos que clavan
y desclavan alegres la mañana,
tiernos puños desdoblados de tierra,
dulces pencas de plátanos pequeños
tus manos huelen a las zarzamoras
que cosechas en los campos que roban
tu sudor a dos dólares el bote,
son duras, tibias, jóvenes y sabias.
azadones que traen pan a las mesas,
oscuras piedras que al chocar dan luz,
gozo sostén, ancla del mundo entero
yo las venero como relicarios
porque como gaviotas anidadas,
me consuelan, me alegran, me defienden
II
Al dormir te vuelves un continente,
largo, misterioso, sin descubrir,
tus piernas: cordilleras apartadas,
van circundando valles y cañadas
la noche te resbala por tus párpados,
tu respirar: vaivén de olas de mar,
en la cama te extiendes mansamente
como un delfín alojado en la playa
tu boca: boca de volcán saciado,
leño perfumado, ¿en qué fuego ardes?
estás tan cerca y a la vez, tan lejos
mientras duermes como lirio a mi lado,
yo me deshago, invoco a la luna:
ahora soy el perro guardián de tu sueño.
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