15.11.10

RICHARD


Fragmento extraído de la novela
Tiresias de Marcel Jouhandeau

Lo deseaba hasta tal punto que, al no poder acceder a él, me entregué a otros pensando en él, peor el cielo no se burló de mí. Di con un muchacho aún más bello, y, como él de unos veinte años, un coloso oscuro de caderas nacaradas y opulentas, de ojos color gris pálido y que, por fortuna respondía también al nombre de Richard. En el jersey llevaba bordados un león rojo y un leopardo amarillo, y le suplique que se lo dejase puesto un momento. Adoraba pensar que estaríamos desnudos con aquellas dos bestias feroces entre nuestros corazones. Tras quitarse esta última prenda, se tendió boca arriba cuan largo era, con las piernas entreabiertas, y yo me arrodillé primero al borde del diván, con mi mirada posada sobre el eje de su cuerpo que se me presentaba hendido y espléndido. ¡Qué perspectiva admirable y suntuosa! Existe una de la Escuela Romana de Miguel Ángel que se parecía a lo que veía en ese instante. Su vello dibujaba sobre sus muslos dorados rosas negras como las que se veían esparcidas sobre los muslos de Malatesta, como las del pelaje de las palmeras, y en el momento en que se lo comentó se lanzó sobre mí y me mordió en un hombro. por más que intenté defenderme, me dio la vuelta por completo hasta ponerme boca abajo y su rostro se amoldaba tan bien a mi nuca que lo veía mejor que estado de frente, cuando de pronto, sin saber cómo había sucedido, me encontré clavado por su aguijón. Entonces, mientras me poseía, seguro de que no me liberaría, apareció por detrás de mi brazo su boca, sensual, suculenta como una granada entreabierta.


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