22.2.10

LA ETERNIDAD DE TU CUERPO


Fragmento extraído de la novela
Amor duro de Gudbergur Bergsson


Entré en la eternidad transitoria de tu cuerpo, donde está el poder, en apariencia, indiferente y pasivo, que nos lleva a querer azotar la piedra en la esperanza de que con el martilleo empiece a fluir el gran río en poderosas corrientes que bañan el cuerpo y dan de beber al alma, y que al mismo tiempo se ponen a chisporrotear desde la áspera superficie de la roca y luego se yergue cada uno de los picos en la luminosa flama del agua llameante. Pero dentro de él, de mi compañero, sólo hay al parecer indiferencia hacia los afanes cotidianos, lo que me produce insatisfacción y vacío, pero que hacen surgir en mí la necesidad de llenarme de ti. Con esta idea diento un cosquilleo en la cerne, no en la que cubre los huesos sino en la que se oculta dentro de la carne misma y es un terreno abstracto. A parir de ahora compartiremos a mi amado en cada caricia, cada vez que estemos acostados uno al lado del otro o uno dentro del otro o yo dentro de ti. Entonces estará allí mi amigo aunque tú no lo notes solamente en la intensificación de mis ímpetus. Me convertí en el esposo de dos personas en mi amor a ti, en todo lo que hago. Anhelé dormir después y poseerlo a los dos en mi sueño, pero desaparecían o no conseguían encontrarse nunca y me desvelé a las cinco de la madrugada. Me turbé y me quedé acostado completamente despierto y fui observando cómo un día melancólico se abría pasado con extraordinaria lentitud entre las cortinas grises de nuestro dormitorio. Ahora lo oigo respirar tranquilamente mientras duerme y no me atrevo a moverme para no turbar sus sueños ni su reposo. A veces no hay nada tan lejano como los cuerpos que han sido consagrados cristianamente hasta que la muerte los separe. Descansan en la misma cama, uno duerme tranquilo y le otro yace despierto a u lado sin que el durmiente sepa de la angustiada vela del que padece tormentos en el vergel del amor y el alma.

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