Fragmento extraído del libro de relatos
Dos chicos enamorados de Lawrence Schimel
Miré por la ventana los gruesos copos de nieve cayendo del cielo y descubrí que mi vecino de delante estaba mirándome cómo me la pelaba. Y no sólo me miraba, sino que también tenía la polla en las manos y se la pelaba siguiendo el mismo ritmo que yo. Es bastante chocante descubrir que de pronto estás compartiendo el sexo con alguien cuando creías que estabas solo. Y aunque realmente no lo podrías calificar de relaciones sexuales tradicionales, sí que, en la práctica, parecía que lo hiciéramos el uno al otro, cada uno desde u apartamento y separados por una calle que poco a poco se iba cubriendo de nieve. Como no sabía bien qué hacer, no hice nada. Más bien dicho, continué pelándomela, y él continuó pelándosela, y continuamos mirándonos. Él tenía un buen cuerpo, tal como yo lo veía a través de la tormenta y de la distancia. Estaba totalmente desnudo, mientras que yo continuaba vestido, solo con la entrepierna al aire. Paré un momento para sacarme el jersey y desabrocharme la camisa, y me la dejé sobre la espalda. El cuerpo de mi vecino era muy diferente del cuerpo fornido de John con el que había fantaseado hasta aquel momento. Mi vecino tenía unos músculos elegantes, con los abductores y especialmente los abdominales muy bien marcados. El tono de su piel era de aquel color oliva, típico de diversas culturas mediterráneas de Oriente Medio, y tenía el cabello negro, los ojos negros y una mata de pelos en el pecho que no continuaba hasta el estómago (…)
Me fijé en la manera en que flexionaba el brazo para acariciarse la polla, que se inclinaba ligeramente hacia delante en la típica posición de erección. Mi polla era más directa, me salía disparada de la entrepierna en ángulo recto. Cambié de postura y me quedé de rodillas sobre el banco de la ventana, y apreté la polla contra el cristal para que se me quedara vertical y mi amigo la pudiera ver mejor. Como el vidrio estaba frío, me hizo encoger involuntariamente los huevos y flexionar el músculo de la base de la polla para apretar contra el cristal con más fuerza. Me cayó una gota de líquido de la polla, blanca como un copo de nieve fundida. Apreté los músculos del culo para rozar el vidrio con la polla y dejar un surco mientras mi vecino aceleraba el movimiento del brazo. Me pregunté si nos podía ver alguien y qué pensaría, pero de hecho, absorto en el momento me era del todo indiferente. Me senté sobre los tobillos sin dejar de mirar a mi vecino al otro lado de la calle y volví a cogerme la polla con la mano. Su polla y su mano se veían borrosas mientras se esforzaba por correrse, y yo también comencé a mover el brazo más rápido, mientras me acariciaba con los dedos de arriba abajo con una mano y con la otra en los cojones para ayudarme en el tramo final.
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