29.1.09

EN LA BAÑERA


Fragmento extraído del libro de relatos
Dos chicos enamorados de Lawrence Schimel

Volvió al cabo de un momento con alguna cosa escondida en la espalda. Se puso delante de mí y yo recosté la cabeza hacia el borde de la bañera para mirarle. Me sonrió y se puso a recorrer con una mano mi pecho y el cuello inclinándose para darme un beso. Aún tenía la otra mano en la espalda, y yo no sabía qué tenía, pero cerré los ojos para concentrarme en las lenguas y las bocas, que sólo se paran para tomar aire. Estiré los brazos a los dos lados de la bañera y recosté la cabeza en el borde, mientras con los ojos cerrados me empapaba de agua caliente y pensaba “qué agradable”, y mi cuerpo olvidaba de pronto toda la tensión, todo se me abría, incluso el ano, que daba la sensación de ser un puño que se abría. En aquel momento supe qué escondía Tim a la espalda: unas esposas, que de un se cerraron alrededor de mi muñeca y de una pata de la bañera. – ¡Mala bestia! le grité, pero sin abrir los ojos. No que quería mover de aquel refugio de calor en el que me encontraba, gracias al baño y a la sensación cálida del beso, que me había disparado una erección. Pensé que quizás era una reacción de calor, el flujo de la sangre que corría por el interior de mi cuerpo y me llenaba la polla. Con los ojos aún cerrados, noté la anilla fría de metal que me aprisionaba mi muñeca.

Al cabo de un momento noté su cuerpo bien cerca, y que me ponía los dedos en el pecho y me acariciaba el cuelo de camino hacia los labios. A continuación, su aliento cálido y fragante del te de vainilla y pera que se había tomado después de cenar, con los labios aún vacilantes a un milímetro de los míos. Extendí la lengua para chuparlo y le dije: “Chúpala” Y reímos. Después volvimos a respirar el mis o aire, con las bocas selladas la una con la otra, mientras me sostenía la barbilla con las manos y las dos lenguas insistían en liarse mutuamente. Levanté las caderas para que la polla sobresaliera del nivel del agua, como el tubo de un periscopio de un submarino, enfocando su único ojo hacia Tim. Volví a mirarlo para ver cómo reaccionaba y para calibrar si era capaz de dejarme así. Al fin y al cabo estaba a su merced, además de estar en el baño, aún estaba esposado a la bañera. Tim sonrió, me puso una mano en el agua tibia y la hizo resbalar por mi entrepierna arriba y abajo. Relajé las caderas y me hundí hasta el fondo de la bañera. Sus dedos continuaron acariciándome las piernas, la entrepierna, los huevos, antes de acercarse al agujero dolorido de mi culo.

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