Fragmento extraído de la novela
Contra natura de Álvaro Pombo
Juanjo entra. Salazar sale del vestíbulo. Está borracho. Juanjo se da cuenta de que está borracho. Es un hombre mayor, delgado y borracho. Es un intelectual beodo y delgado. Es un beodo viejo y guapo. Es un embriago lívido, todavía de buen ver. Está más guapo que nunca, está más borracho que nunca. Juanjo nunca lo ha visto tan bebido. Salazar se siente maravillosamente bien ahora, aéreo. Es la sobria ebriedad de mi dulce amor: estoy enamorado. Farfulla. Juanjo le sonríe, Juanjo resplandece. Juanjo le ama. Juanjo le abraza y le baja los pantalones, le baja los calzoncillos, le acaricia la fláccida polla. Juanjo es Dios y Salazar su sacerdote, su esclavo. Ahora Salazar llora. Salazar no ha llorado nunca. Esto no es llorar, es estar borracho. ¿Está enamorado o está borracho? Juanjo resplandece. Juanjo está empalmado. Juanjo victorioso arrastra a Salazar hasta la sala otra vez y se masturba delante de Salazar, que se traga el semen, este maná dulzón, cremoso. Es el primer semen que se traga Salazar. Se la habían mamado en otras ocasiones, pero nunca él había perdido el tino hasta el punto de embadurnarse los ojos y los labios y tragar el semen abundante de Juanjo. Éste fue el primer amor de Salazar, al tragar el semen, sabe Salazar que ama a Juanjo. Juanjo le pega un rodillazo en la barbilla y luego se inclina sobre Salazar, que ahora realmente parece mucho más borracho que antes: despavorido, enfebrecido, desatinado. Es el semen de su primer amor, el principio del fin (…)
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