
Fragmento extraído del libro de relatos
Dos chicos enamorados de Lawrence Schimel
Le devolví una sonrisa y lo saludé con la polla con movimientos exagerados. Él respondió. Ya llevaba los pantalones por los tobillos, pero llevaba una camisa de franela. La polla le salía entre los dos pliegues de la ropa, como una palanca de una máquina tragaperras. Me moría de ganas de hacer y bajar aquella palanca como un adicto a la máquina a la espera que me saliera el premio. Pero estaba demasiado lejos del jugador. Yo en cierta manera poseía a mi vecino misterioso, lo tenía a pesar de no habernos tocados nunca, ni besado ni haber sentido el cuerpo de uno y de otro. Me estiré la polla con fuerza, mirándolo, gozando del hecho de que los dos estuviéramos masturbándonos expresamente para el otro, que tuviéramos aquella curiosa conexión a través de la separación que nos alejaba (…) Esta vez me corrí primero yo, grumos de leches salpicaron el cristal y los cojines. “Después lo limpiaré” pensé un momento mientras flexionaba el brazo para hacer salir hasta la última gota de la polla sin querer pensar en nada más. No quité los ojos de encima de mi vecino mientras me corría, y él me devolvía la sonrisa; sentía que tenía toda su atención. Tan sólo miraba mi cuerpo, atento sólo al intercambio que teníamos a través de los dos edificios, y gozando de las sensaciones que sentía al masturbarse él mismo para escenificar las fantasías al otro lado de la calle. Cuando mi cuerpo dejó de temblar, me incliné hacia delante y le hice un beso en la ventana dejando la marca de los labios medio cerrados. Mi vecino me miraba, aunque se la pelaba, pero no tenía ninguna prisa por correrse. Yo miraba su cuerpo, cómo se movía, cómo se la cascaba. Se inclinó hacia delante y sacó su lengua tanto como pudo, como si quisiera chuparme la polla. Yo también lo quería chupar. Dejó caer un rayo de saliva de sus labios a la punta de la polla y le sirvió para lubricar la mano.Se corrió enseguida con la lubricación y yo registré el dato para futuras referencias mientras continuaba mirándomelo. Se puso los dedos en los labios para chuparse el semen y se puso el índice a la boca como si fuera una polla. Y como si fuera mi polla, sus ojos se van unir a los míos. Después volvió a cogérsela para saludarme, como despedida, antes de desaparecer de la habitación.
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