24.10.08

PLACERES SOLITARIOS


Fragmento extraído del libro de relatos
Dos chicos enamorados de Lawrence Schimel

John era un chico con el que me había enrollado hacía tres años en Montana, en un viaje d negocios, en uno de aquellos centros de convenciones tan alejados de todo. John era el típico chico rubio de campo, fuerte y bien alimentado, y más tonto que un pájaro. La relación sexual con él fue deliciosa en el sentido puramente físico, cuando dos cuerpos se excitan el uno al otro y se acoplan perfectamente como por arte de magia. Tenía una de aquellas pollas que se inclinan de manera curiosa incluso hasta cuando están duras, y yo pensé que le sería muy difícil encontrar una postura cómoda para follarme; pero quizás conozco el interior de mi recto menos de lo que me pensaba porque hiciera lo que hiciera ( y aquella noche probamos muchas cosas) era una maravilla.

John era tierno, dulce y afectuoso, aunque no teníamos nada en común de que hablar cuando no follábamos. le había dejado mi dirección de Nueva York para que me llamara si alguna vez venía de visita, y me moría de ganas por pasar otra noche de placer reparador con él si surgía la oportunidad. No me podía imaginar saliendo regularmente con él, y tampoco no tenía ninguna gana de mantener una relación a distancia, cosa que, en el mejor de los casos, es agotadora y complicada. Pero degustaba la idea de volverlo a ver para follar.

Me desabroché los tejanos y me saqué la polla pensando en él y la movida de aquella noche. No tardé demasiado en tener una magnífica erección. Volví a recordar la curiosa inclinación de la polla de John mientras acariciaba la mía y probé tocarme la mía de la misma manera. Como no lo conseguía del todo, lo dejé estar y volví a mi ritmo de masturbación habitual, presionando con fuerza todo a lo largo de la verga y deteniéndome a veces, cerca del glande para acariciar la piel más sensible justo debajo.

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