A LA ENTRADA DEL CAFÉ
Algo que dijeron al lado mío
dirigió mi atención a la entrada del café.
Y vi el hermoso cuerpo que parecíacomo
si el Amor lo hubiese forjado
con su más consumada
experiencia -plasmando sus armoniosas
formas con alegría,elevando
esculturalmente la estatura;
plasmando con emoción el rostroy dejando
a través del tacto de sus manosun sentimiento
en la frente, en los ojos, y en los labios.
UNA NOCHE
El cuarto era pobre y vulgar,
oculto en los altos de una taberna equívoca.
Desde la ventana se veía la calleja,sucia y estrecha.
Desde abajollegaban las voces de algunos obreros
que jugaban a las cartas y que se divertían.
Y allí en la cama humilde, ordinaria
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
voluptuosos y rojos de la embriaguez
-rojos de tal embriaguez, que también ahora
cuando escribo, ¡después de tantos años!,
en mi casa solitaria, me embriago nuevamente.
Algo que dijeron al lado mío
dirigió mi atención a la entrada del café.
Y vi el hermoso cuerpo que parecíacomo
si el Amor lo hubiese forjado
con su más consumada
experiencia -plasmando sus armoniosas
formas con alegría,elevando
esculturalmente la estatura;
plasmando con emoción el rostroy dejando
a través del tacto de sus manosun sentimiento
en la frente, en los ojos, y en los labios.
UNA NOCHE
El cuarto era pobre y vulgar,
oculto en los altos de una taberna equívoca.
Desde la ventana se veía la calleja,sucia y estrecha.
Desde abajollegaban las voces de algunos obreros
que jugaban a las cartas y que se divertían.
Y allí en la cama humilde, ordinaria
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
voluptuosos y rojos de la embriaguez
-rojos de tal embriaguez, que también ahora
cuando escribo, ¡después de tantos años!,
en mi casa solitaria, me embriago nuevamente.
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