27.9.10

ME DEJE CHUPAR LA POLLA ENVUELTA



Un poema de Javier Gato

en una aséptica y estúpida capa
de látex aromatizado.
Por suerte, sus dientes grises y deformes,
fosa común profanada,
y su lengua gruesa y fétida fueron esquivados
por mis labios, contraídos
en una mueca de repugnancia.
Cayó la camisa aprisionada
por unos pantalones subidos hasta el sobaco,
dejando ver
unas tetas peludas que le colgaban hasta la cintura.
Su inmensa barriga asfixiaba un pequeño miembro
rezumante de miseria y ancianidad.
El examen oral se me dio tan bien
que entre mis piernas se resbaló pronto
la recompensa por los servicios prestados.
A la salida de aquel despacho
me sentí orgulloso de repartir voluptuosidad
entre criaturas avernales
y compartí con todos los sociatas esa idea tan rara
de que el trabajo dignifica.

No hay comentarios: