3.2.09

EXTRAÑAS FANTASIAS


Fragmento extraído de la novela
Cacheo de Dennis Cooper


Encendí la lámpara y me arrodillé junto al cuerpo desnudo de Finn. Despedía un olor intenso, como si me hubiera inclinado sobre una barbacoa, sólo que más delicado y difícil de describir. Quiero decir que era dulzón, pero también pútrido. Como si estuviera algún mal, oculto en su interior. Finn era delgado, alto pálido. Tenía unos pocos pelos en las piernas, que los conté. Sus nalgas eran elásticas como globos. El agujero de su culo me recordó una foto que vi del orificio de una bala. Tenía unos cojones grandes, rojos, pendulones. Su polla era delgada, con el glande puntiagudo. Tenía el vello púbico negro, abundante y oloroso. Las costillas casi le perforaban el pecho y la espalda. Sus pezones eran pequeños montículos de color rosa. Tenía el cuerpo caliente, excepto el culo, las manos y los pies, que estaban helados. Levantándole los brazos en un ángulo concreto, se le habrían podido meter las pelotas de tenis en las cavidades de los sobacos, tan profundas y redondas eran. Su cara tenía un tono blanco azulado, con unos ojos pardos que constantemente parecían ir de un pensamiento por detrás o por delante del mío. Grandes labios rojos, dientes manchados de nicotina, boca grande, aliento que olía a cerveza.

Me incliné otra vez sobre su cuerpo para asegurarme de que me había fijado bien en todas sus características físicas. Se la meneaba en silencio, mirando el techo con los ojos entornados; tenía una arruga en mitad de la frente Yo estaba empalmado, a pesar de que no me había tocado, y cuando terminé mi examen empecé a meneármela. Me eché hacia delante hasta que mi polla colgó sobre su pecho. Creo que me imaginé que estábamos en la cúspide de una pirámide azteca. Yo tenía en la mano un cuchillo, o lo que usaran en aquellos tiempos, para sacrificar a Finn en honor de quienquiera que adoraran por aquel entonces. No podía mantener una fantasía como ésa más de un segundo o dos, de modo que me corrí encima de su pecho, con un gemido, de eso estoy seguro. Luego me eché hacia atrás y recobré el aliento mientras iba uniendo las salpicaduras de mi semen. Finn dejó de meneársela, cerró los ojos y se quedó tumbado entre las sábanas arrugadas, dejando que mi semen se secara encima de él. Yo ya había visto lo que quería ver, y me fui al servicio a lavarme la polla en el lavabo. Cuando alcé la vista vi a Finn en el espejo, esperando su turno, supongo. Parte de mi ser quería matarle y descuartizarle, lo que probablemente podría haber hecho sin que me descubrieran, pero la otra parte le tendió una toalla; luego le seguí la corriente hasta que se fue. Después me tumbé en la cama haciéndole las mil y una a Finn en mis pensamientos. Despedazaba su cuerpo como si fuera una bolsa de papel, y sacaba a puñados venas, órganos, músculos, tripas. Hice que su voz sonara tan de ultratumba como me habían sonado de niños las sirenas de la defensa civil. Bebí su sangre, sus meados, sus vómitos. Hundí una mano en su garganta, metí la otra por su culo, y me las estreché en el centro de su cuerpo, lo que puede parecer gracioso, pero no lo fue.


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