1.2.09

AMISTADES PELIGROSAS

Fragmento extraído y traducido del catalán
de la novela Un amor fuera de la ciudad
de Manuel de Pedrolo

Pere procedía de una familia muy modesta, vecina de barrios de mala fama, y de muy joven había tenido ocasión de familiarizarse con el vicio. Pero, a pesar de su juventud, cuando yo lo conocí ya era un chicarrón que sabía nadar y guardar la ropa, había aprendido que, a la larga, el vicio, no vale la pena, de manera que sus actividades en el ambiente donde su anomalía lo había sumergido eran de un carácter marginal. De hecho , llevaba dos vidas diferentes: la vida ordenada, honestas y clara del despacho, y la vida oscura, subterránea y turbia que compartía con una serie de individuos algunos de los cuales llegué a conocer. Yo, peor que él pasaba unos días, y sobre todo unas noches, terribles, sin poder olvidar aquella tarde en el cine, rememorando todas sus palabras, incluso aquellas que me había parecido oír un ansia extraña iba creciendo poco a poco dentro de mí, y después en la oficina, no podía evitar mirarle cuando estaba enfrascado en la faena, observando su cuerpo grácil, todavía adolescente, su rostro fino y de labios mullidos, las manos sobre todo sus manos… Una curiosidad malsana hacía más evidente mi desasosiego. No solamente porque me había permitido descubrir mi propia virilidad. Pronto descubrí que había otra cosa de intrínsicamente bello en aquellas relaciones. No me refiero ahora solamente a las relaciones con Pere, sino a todas las otras, o casi todas las otras que le siguieron. Porque Pere sólo fue el primero de una larga cadena, y aún el menos idóneo a causa de las peculiaridades de su proceder. Como ya debes haber comprendido, en el fondo era muy venal, explotaba su vicio no más ni menos como una prostituta, y de vez en cuando, sin otra forma de recompensa que la satisfacción que da la novedad.


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