2.1.09

VIDA EN PAREJA



Fragmento extraído de la novela
Los misterios de Pittsburg de Michael Chabon


Dormíamos juntos. Por la mañana él se levantaba para precipitarse rumbo al trabajo, revolviendo las pilas donde se mezclaban pantalones y calzoncillos, metiendo la cabeza bajo el grifo, dando un portazo de despedida, y una vez que se había marchado yo disfrutaba del lujo de mi hora extra en la bañera. Vivíamos bien. Arthur preparaba cenas complicadas, en la nevera siempre había pasta con los colores de la bandera italiana, una variedad de vinos extraños, alcaparras, kivis, ignotos pescados de nombres hawaianos y espárragos, la comida predilecta de Arthur, en esos manojos que él no dejaba de llamar gavillas. Mandábamos la ropa sucia a la lavandería y nos la devolvían como un regalo, envuelta en papel azul. Y todo lo a menudo que podíamos nos íbamos a la cama. Yo no pensaba que fuera gay; por regla general no pensaba. Pero todo el día, desde el instante blanco en que abría los ojos por la mañana hasta el último, oscuro instante de conciencia del desmayado aliento de Arthur sobre mi hombro, me sentía nervioso, lleno de energía y de temor. la ciudad se había renovado, y con ella los peligros, y yo recorría velozmente las calles, eludiendo las miradas de la gente, como un espía que en una misión de lujuria y de felicidad, lleva el secreto dentro de sí pero siempre en la punta de la lengua.

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