Fragmento extraído de Los novios búlgaros
de Eduardo Mendicutti
de Eduardo Mendicutti
Hola ¿De dónde eres?/ Búlgaro, Refugiado político. En realidad, visto de cerca, tenía toda la encaradura, toda la altanería, todo el aplomo, toda la oscuridad, toda la pinta de un sólido delincuente; es decir, lo encontré irresistible (…) El muchacho era en verdad guapo – dentro, eso, sí, de la gama de los turbios- alto, fuerte, de pelo negro y muy abundante y largo, de ojos claros – entre verdosos y grises- en los que unos labios relajados y flexibles, y una dentadura tal vez opaca pero de diseño irreprobable, y hablaba poco y con extrema dificultad, pero logré entenderle que llevaba tres meses en Madrid, que se llamaba Kyril, que dormía, cuando se le acaba el subsidio de la Cruz Roja, dentro de cualquier coche aparcado en la calle y cuyas cerraduras forzaba sin el menor problemas, que procuraba ducharse a diario en los baños públicos de La Latina y que hacía cuatro días que no probaba bocado. La expresión se dulcificó hasta lo pueril para darme las gracias.
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